PALABRAS PARA SOBREVIVIR

Renee y Herta son dos hermanas judías perseguidas por los nazis. Como sus padres y su hermana son sordos, Renee asume desde niña la responsabilidad de escuchar los peligros y avisarlos. Ambas cuentan cómo sobrevivieron a la separación de su familia, la deportación y el campo de concentración de Bergen-Belsen, y cómo reconstruyeron después sus vidas.

El libro cuenta experiencias reales desde la perspectiva de dos niñas. Su lenguaje es sencillo y evita recrearse en heridas o mutilaciones, pero transmite situaciones muy duras: personas golpeadas durante las deportaciones, prisioneros que mueren ante ellas, disparos y cadáveres amontonados junto a su barracón. El epílogo añade referencias al exterminio y a la quema de cuerpos.

El maltrato a menores aparece directamente. Un soldado arroja a Renee contra una piedra y le provoca una pérdida temporal de audición, con problemas auditivos posteriores. También se relata el interés de los médicos nazis por experimentar con Herta debido a su sordera. No se describe que esos experimentos lleguen a realizarse sobre ella, pero sí el miedo de ambas y los intentos de separarlas mediante promesas de comida.

La separación familiar y el desamparo tienen un peso importante. Las hermanas son expulsadas de su escondite cuando sus padres dejan de pagar, encuentran puertas cerradas y terminan entregándose a la policía con la esperanza de reunirse con ellos. Más tarde reciben la noticia de su muerte. La narración incluye sentimientos de culpa, soledad, pesadillas que continúan en la edad adulta y un momento en que Renee, gravemente enferma, manifiesta que ya no quiere vivir. No se relata un intento de suicidio.

La religión aparece vinculada a su identidad judía y a la supervivencia. Para ocultarse, las niñas deben fingir que son cristianas y persignarse, lo que provoca malestar en Renee.

El vínculo central es el amor entre hermanas, con momentos de cansancio, enfado y reconciliación.