Silvia, una estudiante de Medicina de diecinueve años, viaja a la India para colaborar durante el verano en un hospital rural, pese a la oposición de su padre y de su novio. La experiencia la enfrenta a la pobreza, la enfermedad y las diferencias culturales, mientras revisa su vocación, sus relaciones y la vida que quiere construir.
La dureza principal procede del contexto sanitario y social. Se describen heridas abiertas, sangre, vísceras expuestas, lesiones oculares muy deterioradas y enfermedades que podrían tratarse con más medios. Hay muertes de adultos y niños, y se narra la cremación del cuerpo de una niña. El sufrimiento provoca en Silvia crisis de llanto, miedo e impotencia. Son situaciones recurrentes que forman parte central de su aprendizaje.
El matrimonio infantil ocupa un lugar relevante mediante Narayan, de trece años, cuya familia concierta su boda con un joven de diecinueve al que no conoce. La ceremonia se presenta como una fiesta colectiva mientras la niña llora, consciente de que debe abandonar su hogar. Silvia piensa expresamente en las relaciones sexuales que se esperan de ella por obediencia al marido. La noche de bodas no se describe, pero sí su significado coercitivo. También se mencionan las palizas de algunas suegras a sus nueras y los asesinatos de esposas quemadas para que el viudo pueda recibir otra dote.
La explotación infantil aparece a través de Lakshmi, vendida a los cinco años y obligada a trabajar en un taller de alfombras. Al enfermar, la abandonan. Silvia teme que, aun sobreviviendo, pueda terminar nuevamente esclavizada o en la prostitución. Es un riesgo que la protagonista considera, no una actividad que se relate que la niña ejerza.
En el terreno afectivo hay una tensión constante entre Silvia, su novio Arturo, el cooperante Leo y Mahendra. La narración presta atención al atractivo físico: el torso desnudo y sudoroso de Leo, el cuerpo y los pechos de Silvia, las miradas y la cercanía. Incluye bromas sobre ropa interior y una breve situación en la que Narayan comprueba con la mano si el pecho de Silvia es natural; el texto la presenta como curiosidad ingenua, sin desarrollo erótico.
Se menciona que Silvia perdió la virginidad a los diecisiete años, sin describir el encuentro, y que una antigua novia de Leo se acostó con su mejor amigo para hacerle daño. También recuerda haber oído a sus padres mantener relaciones sexuales. No hay escenas sexuales explícitas desarrolladas.
Los besos merecen una distinción concreta. Hay besos de cariño y de pareja, pero también Silvia termina besando en los labios a Mahendra mientras sigue afirmando que ama a Arturo. Ella considera que un beso intenso puede expresar ternura sin implicar enamoramiento ni resultar incompatible con tener pareja. Esa justificación aparece de forma expresa en sus pensamientos.
El conflicto con la autoridad paterna es importante. El padre se muestra controlador, despectivo hacia la cooperación y convencido de saber qué le conviene a su hija. Silvia defiende su autonomía y llega a cuestionar su manera de ejercer la medicina. Sin embargo, la relación evoluciona hacia el reconocimiento mutuo: el padre revisa su actitud y ambos mantienen su afecto. La doctora Roca y el doctor Giner constituyen figuras adultas de confianza, orientación y cuidado.
Hay dos referencias distintas al suicidio: una mujer cuenta que habría acabado con su vida y la de sus hijos si su marido hubiese muerto; después, Silvia sospecha que Mahendra se ha hecho daño voluntariamente. En este segundo caso, la doctora aclara que sufrió un accidente. No se relata un intento de suicidio confirmado.
