Sandrine de Billancourt, hija de una familia aristocrática, pierde su vida privilegiada durante la Revolución Francesa. Acogida por una familia de trabajadores parisinos, deberá afrontar el hambre, la persecución y el miedo a ser descubierta, mientras conoce de cerca las injusticias que alimentaron la revolución.
La violencia atraviesa toda la novela y afecta directamente a la protagonista. No se limita a mencionar acontecimientos históricos: describe intentos de estrangulamiento, cadáveres amontonados, religiosos ahorcados y decapitaciones con sangre y exhibición de cabezas. Especialmente duro resulta el ajusticiamiento de dos niños antes que sus padres. También aparece una guillotina de juguete con muñecos aristócratas a los que se puede cortar la cabeza.
El sufrimiento psicológico tiene mucha presencia. Sandrine pierde a su familia y a su doncella, experimenta pesadillas recurrentes y vive pendiente de que cualquier ruido anuncie su detención. El encarcelamiento incorpora despedidas de familiares destinados a morir, una niña separada de su madre y otra joven que pide acompañar a su familia al traslado hacia el tribunal. Se menciona expresamente que el padre de Nicolas se suicidó ahogándose.
En el terreno sexual, aparece una prostituta y se alude a sus relaciones con los carceleros para obtener ventajas, aunque no se describen los actos sexuales. La relación entre Sandrine y Nicolas incluye atracción, abrazos y besos en los labios, sin desarrollo erótico. Philippe también muestra interés por ella y celos hacia Nicolas.
