En esta secuela, la Bestia —una criatura poderosa que concede favores a cambio de obediencia y sacrificios— regresa para vengarse de quienes la traicionaron. Bethany, Ebenezer y Rupert se ven forzados a enfrentarse a sus propios miedos y defectos mientras intentan sobrevivir al regreso de este ente mágico y vengativo. La historia mantiene el estilo de humor macabro del primer libro, con diálogos sarcásticos, situaciones exageradas y un trasfondo emocional centrado en la redención y la amistad.
La Bestia ejerce control sobre los personajes mediante poderes sobrenaturales, amenazas de maldición (“convertirte en piedra”) y exige sumisión a cambio de no devorarlos. Estos elementos recuerdan simbólicamente a entidades ocultistas o demoníacas, aunque están tratados con humor negro. Ejemplo: “Era un trato. Un pacto, aunque no se firmara con sangre.” Advertencia por simbología oscura disfrazada de humor.
El contenido de esta obra es más oscuro que en otras sagas infantiles tradicionales, aunque está claramente orientado al humor negro, con un tono irónico que minimiza el impacto de las amenazas o acciones mágicas.
