Arax, el ladrón de almas es una aventura de Buscafieras más oscura e intensa que las primeras entregas, especialmente por el concepto central del robo del alma y por una violencia física algo más marcada.
La magia sigue siendo coherente con el mundo fantástico de Avantia, pero en esta ocasión merece una advertencia adicional. Ya no hablamos únicamente de dragones, maleficios u objetos encantados: aparece literalmente la posibilidad de robar el alma de una persona, privarla sobrenaturalmente de su bondad y devolver posteriormente aquello que le ha sido arrebatado.
No lo clasificaríamos como espiritismo, porque no existe contacto con muertos ni invocación de espíritus. Tampoco aparecen demonios propiamente dichos o pactos satánicos. Pero sí consideramos que existe un componente sobrenatural más oscuro relacionado con el alma, que merece ser señalado claramente a los padres.
La violencia también sube un escalón: látigos con púas que se clavan en la piel, heridas, golpes, asfixia, fuego, caídas y combates frecuentes. Sigue sin haber gore, pero algunas escenas pueden resultar intensas para lectores pequeños o sensibles.
Magia y robo del alma: el aspecto más importante
La magia vuelve a ocupar un lugar central, pero aquí adquiere un carácter bastante más oscuro.
Aduro continúa siendo el brujo positivo de la serie y Malvel representa la magia maligna. Aparecen poderes sobrenaturales, objetos mágicos, visiones y capacidades extraordinarias. El conocido mapa mágico de Tom sigue funcionando de manera sobrenatural y permite observar lugares y criaturas a distancia.
Sin embargo, la particularidad de esta entrega está en el poder de Arax, el ladrón de almas. No es únicamente un nombre llamativo: el robo del alma ocurre realmente dentro de las reglas fantásticas de la novela. Se explica que el ataque de la criatura puede despojar a una persona de aquello que hay de bueno en ella y provocar una profunda transformación de su comportamiento. De Aduro se afirma directamente que el ataque «lo ha dejado sin alma» y que la única manera de recuperar su bondad está relacionada con vencer a Arax.
También encontramos una representación visual de esa pérdida interior mediante una especie de humo sobrenatural que sale o entra en el cuerpo. En determinado momento este humo envuelve a Tom, lo asfixia y posteriormente penetra en él a través de una herida, devolviéndole aquello que anteriormente había perdido.
Este punto merece una distinción respecto a otros libros de la colección. En Ferno o Sepron hablábamos principalmente de magia coherente con un mundo fantástico. Aquí sigue siendo así, pero la utilización explícita del concepto de alma separable del cuerpo, robada y posteriormente restituida mediante un fenómeno sobrenatural acerca la historia a una fantasía espiritual más oscura. No es simplemente un dragón que escupe fuego o un mapa encantado.
Aun así, no aparecen Satanás ni demonios como seres propiamente dichos, ni culto demoníaco, sesiones espiritistas o comunicación con personas fallecidas. El vocabulario utiliza en ocasiones palabras como «diabólico» para describir la maldad —por ejemplo, «ojos diabólicos» o «juegos diabólicos»—, pero en esos casos funciona como calificativo de algo perverso, no como aparición literal del demonio.
