LA ULTIMA BRUJA DE TRASMOZ

Emilio, un joven informático descendiente de Bécquer, se instala en un monasterio para escribir. Allí conoce a Beatriz y se involucra en la búsqueda de una calavera de cristal vinculada a una antigua bruja. La investigación combina referencias literarias a Bécquer, enigmas y una relación amorosa.

El ocultismo es constante y constituye el motor de la historia. Aparecen pactos con Satanás, libros de magia negra, invocaciones, entrega del alma, símbolos satánicos y un objeto capaz de producir visiones y dominar la voluntad. Los acontecimientos sobrenaturales se confirman dentro de la ficción: no quedan explicados como supersticiones o trucos.

El espiritismo tiene además una motivación emocional importante. Beatriz busca la calavera para comunicarse con su hermana fallecida y pedirle perdón, porque se siente responsable de su muerte después de una discusión. No llega a producirse una conversación con la hermana muerta.

La representación del catolicismo es favorable. Los monjes son acogedores y ayudan al protagonista; el abad ofrece orientación, lo bendice y participa en la búsqueda para combatir el mal.

La violencia merece especial atención. Hay amenazas con armas, disparos, asesinatos y mordeduras. La escena más desagradable es el hallazgo de un perro muerto, empalado en una verja, con las cuencas de los ojos vacías. También se describe una perforación del corazón con abundante sangre y la descomposición del cuerpo de la bruja.

La relación entre Emilio y Beatriz incluye atracción física, coqueteo y un beso prolongado, descrito mediante el olor, el contacto de las mejillas, los labios y la respiración. No hay relaciones sexuales ni desnudez erótica.