Iverson —Ivy— es una joven fae con el poder de volverse invisible y crear ilusiones. El rey Baylor la mantiene sometida mediante un collar encantado y la obliga a matar para él. Mientras busca cómo liberarse, aparece Thorne, un misterioso segador de almas que necesita su ayuda para encontrar un arma extraordinaria. Su alianza despierta una atracción peligrosa y la acerca a los secretos de los dioses que gobiernan las islas Verran.
La diosa de la ilusión combina romance y fantasía oscura con una presencia importante de maltrato, violencia gráfica y contenido sexual explícito. La narración muestra desde dentro el miedo, la culpa y la vergüenza de una protagonista sometida durante años, junto con su lucha por recuperar la libertad.
Hay una escena explícita de sexo oral entre Ivy y Thorne, con caricias en los pechos, estimulación de los pezones, penetración con los dedos y orgasmo. Ivy expresa que desea el encuentro y Thorne pregunta si puede continuar. La escena ocurre en un callejón donde todavía hay cadáveres después de un enfrentamiento. También aparecen besos, excitación, erecciones, desnudez parcial y comentarios sexuales.
Es especialmente relevante el abuso y la manipulación desde la infancia. Baylor se lleva a Ivy cuando tiene diez años y le coloca un collar presentado como protección, que después utiliza para controlarla y asfixiarla. Ella recuerda cómo él la hizo sentirse especial y cómo, siendo todavía una niña, llegó a creer que podía mantener una relación con un adulto. El relato identifica esa experiencia como manipulación y rechaza que la responsabilidad recaiga en la menor.
Además, hay tocamientos no deseados e intento de agresión sexual: Baylor se coloca sobre ella en la cama, la besa y empieza a desabrocharle el camisón mientras Ivy intenta evitarlo y teme que la obligue mediante el collar. Una interrupción impide que continúe. Aparecen también referencias a burdeles y a la venta de una hija por su propio padre.
La violencia incluye torturas, mutilaciones, decapitaciones, apuñalamientos y asesinatos. Ivy mata tanto bajo las órdenes del rey como por iniciativa propia. En una escena corta la mano y después decapita a un hombre que ha vendido a su hija; escribe «Justicia» con su sangre. También se relata que el padre de Ivy intentó ahogarla y la enterró creyéndola muerta. Estas experiencias explican parte de sus recuerdos traumáticos y ataques de pánico.
Hay autolesiones y conductas de autocastigo. Ivy reconoce que a veces permite que la hieran para aliviar la culpa por sus asesinatos; en otra escena se araña el cuello hasta sangrar intentando arrancarse el collar. La advertencia inicial del libro incluye pensamientos suicidas, y la narración contiene momentos de desesperación e indiferencia ante la posibilidad de morir.
La magia es sobrenatural y funciona realmente dentro del mundo ficticio; no es prestidigitación. Hay invisibilidad, dobles mágicos, transformaciones, objetos encantados que someten la voluntad, sombras vivientes y armas capaces de matar dioses. El mundo incluye divinidades, segadores de almas y un velo que atraviesan los muertos. Aunque se utilizan palabras como «demonio», no basta para identificar a esos personajes con demonios de la tradición cristiana.
El contenido más delicado es la combinación de sexualidad explícita, abuso infantil, coerción sexual, autolesiones y violencia gráfica.
