Proyecto Hail Mary sigue a Ryland Grace, un científico que despierta solo en una nave espacial, sin recordar quién es ni por qué está allí. Poco a poco descubre que forma parte de una misión desesperada destinada a evitar una catástrofe que amenaza con destruir la vida en la Tierra. Aislado a millones de kilómetros de casa, tendrá que recurrir a la ciencia, la improvisación y una alianza inesperada para intentar salvar a la humanidad.
El contenido sexual es escaso y no gráfico. Existe una conversación bastante directa en la que dos adultos reconocen mantener relaciones sexuales frecuentes y se habla de anticonceptivos y preservativos. También hay bromas sexuales aisladas. No aparecen actos sexuales narrados explicitos.
La violencia, en cambio, tiene mayor importancia. Desde las primeras páginas, el protagonista despierta al lado de dos cadáveres que llevan mucho tiempo muertos, descritos como cuerpos resecos y parcialmente deteriorados. Hay además sangre, dolor físico, accidentes, heridas, exposición al vacío, daños estructurales y numerosas situaciones en las que un error puede provocar una muerte inmediata.
No obstante, gran parte de esta violencia se encuentra en un contexto de supervivencia científica y espacial, no de crueldad interpersonal. La novela genera tensión mediante accidentes, decisiones arriesgadas y posibilidad de sacrificio.
El lenguaje malsonante es moderado. Existen tacos y algún insulto fuerte, pero son menos frecuentes que en mucha narrativa adulta contemporánea. Curiosamente, Grace tiende con frecuencia hacia expresiones suavizadas como «diantre» o «puñetas», mientras otros personajes utilizan palabras más fuertes.
El alcohol aparece en varias situaciones adultas —whisky, cerveza y vodka—, pero no existe una trama de alcoholismo ni consumo constante.
En relación con cuestiones de sexo y género, hay un episodio que merece registrarse. Stratt manifiesta preocupación por incluir hombres y mujeres juntos en la tripulación debido a posibles relaciones sexuales. Grace responde criticando el razonamiento y subrayando que excluir a mujeres reduciría injustificadamente la reserva de personas cualificadas. La novela destaca además los méritos científicos de las astronautas. Esto constituye un debate puntual sobre igualdad profesional entre hombres y mujeres, pero no una trama sobre identidad de género.
