TENEMOS QUE HABLAR

Tenemos que hablar, de Bárbara Montes, presenta un nivel elevado de contenido adulto, fundamentalmente por la presencia reiterada de sexo, sensualidad, lenguaje malsonante, relaciones extramatrimoniales, separación y divorcio, consumo de alcohol y conflictos familiares.

El aspecto que requiere mayor atención es el contenido sexual. No se limita a alusiones ocasionales. Las relaciones sexuales aparecen con frecuencia y son tratadas abiertamente por los personajes. Se habla de mantener relaciones dentro y fuera del matrimonio, encuentros sexuales después de una separación, satisfacción e insatisfacción sexual, orgasmo, desnudez y deseo. Además, se utiliza vocabulario directo y vulgar relacionado con el sexo, incluyendo expresiones como «follar», «polvazo» o «acostarse con» alguien. Por tanto, aunque no todas las escenas sean gráficamente descriptivas, la sexualidad adulta está normalizada y forma una parte importante del contenido de la novela. Ya al comienzo encontramos expresiones explícitas como «el polvazo que acabamos de echar» y «me encanta follar con él».

La sensualidad también tiene una presencia considerable. Aparecen cuerpos desnudos contemplados con deseo, valoración del atractivo físico, caricias con intención sexual, besos románticos prolongados y situaciones de tensión sexual. En algunos pasajes esta sensualidad funciona como introducción directa a una relación sexual. No se trata, por tanto, únicamente de romance afectivo.

Otro contenido especialmente destacado es el lenguaje malsonante. Es muy frecuente y está integrado en la manera habitual de hablar y pensar de los personajes. Aparecen reiteradamente «joder», «mierda», «puta», «gilipollas», «cabrón» y otras expresiones vulgares, además del propio vocabulario sexual. No puede considerarse una presencia aislada producida exclusivamente durante discusiones: el lenguaje vulgar está normalizado como registro coloquial y humorístico de la novela.

También existe una presencia importante de infidelidad y relaciones sexuales fuera del matrimonio. La posibilidad de acostarse con terceras personas se aborda abiertamente y constituye uno de los contenidos adultos de la obra. Posteriormente aparecen nuevas citas y relaciones sexuales vinculadas a la separación. Desde la perspectiva de este análisis, lo relevante no es juzgar esas decisiones, sino advertir que infidelidad, ruptura matrimonial y sexualidad fuera de una relación estable aparecen explícitamente y con naturalidad narrativa.

Hay además un episodio de agresividad física dentro de la pareja que merece advertencia específica. Se producen marcas físicas en el brazo de un personaje durante un conflicto matrimonial y la situación es considerada suficientemente seria por otros personajes como para recomendar medidas de protección. Aunque la violencia física no sea constante ni constituya el género principal de la novela, sí existe violencia de pareja y no debe omitirse.

El alcohol aparece repetidamente. Parte de su consumo se desarrolla en contextos sociales normales —fiestas, celebraciones o reuniones—, pero también existen borracheras explícitas. En uno de los episodios, un padre llega muy borracho y su hijo puede verlo en ese estado; en otros, varios adultos beben hasta mostrar una pérdida considerable de sus facultades. Por ello, la categoría debe marcarse como presente.