EL INSTITUTO

La novela presenta un entorno opresivo donde niños con habilidades paranormales son secuestrados y sometidos a experimentos inhumanos dentro de una institución clandestina. La historia se desarrolla en un clima constante de tensión, miedo y sufrimiento, con una carga emocional intensa y situaciones de vulnerabilidad infantil extrema.

Uno de los ejes principales del libro es la violencia ejercida contra menores. Los niños son golpeados, electrocutados, drogados, privados de libertad y sometidos a tratamientos crueles. Esta violencia no es simbólica ni moderada: se muestra con detalle y se repite a lo largo de la obra.

“La primera vez que lo electrocutaron, Luke gritó tanto que pensó que su garganta se había desgarrado.”

Los niños reciben inyecciones y sustancias químicas experimentales sin su consentimiento, lo que les provoca alucinaciones, pérdida de conciencia o activación de poderes psíquicos. Este tratamiento se presenta como un mecanismo de control y manipulación institucional.

La obra explora habilidades como la telequinesis, la telepatía y la proyección astral, pero no desde la fantasía o la magia, sino desde un enfoque de explotación científica y militar. No hay rituales, pero sí elementos que pueden vincularse con lo esotérico desde una perspectiva simbólica.