La novela se ambienta en Ketterdam, una ciudad portuaria corrompida por mafias, tráfico, burdeles, y pobreza. Seis adolescentes con pasados marcados por el crimen, el abandono y la violencia, emprenden una misión para asaltar una prisión fortificada. Aunque tienen entre 16 y 18 años, todos han sido víctimas o agentes de violencia extrema, explotación sexual, discriminación, adicción o traición. La novela explora de forma oscura, directa y sin filtros los aspectos más crudos del submundo criminal, haciendo uso de una narración gráfica y descarnada.
Esclavitud sexual y prostitución infantil
Inej Ghafa fue vendida a los 13 años a un burdel llamado el Menagerie. Durante años fue obligada a actuar como cortesana.
Las jóvenes del Menagerie eran asignadas a hombres según fetiches sexuales, y marcadas con tatuajes de propiedad.
Aunque no hay escenas sexuales explícitas, el lenguaje es claro: las niñas son vendidas, usadas sexualmente y explotadas por hombres adultos.
El comercio de cuerpos de niñas es parte del sistema económico de Ketterdam.
La droga mágica jurda parem aparece como un potente estupefaciente que genera dependencia inmediata.
Se utiliza para manipular Grishas (humanos con poderes), que se vuelven todopoderosos pero quedan destruidos física y mentalmente.
Los protagonistas matan, torturan y manipulan con plena conciencia.
Kaz Brekker, el líder, asesina con las manos desnudas, rompe huesos, amenaza con mutilar a sus enemigos y actúa con frialdad total.
Hay torturas, heridas graves, ahogamientos y amenazas explícitas, incluso de muerte a niños o menores.
No se omiten los efectos psicológicos de la violencia: trauma, odio, desconfianza crónica y necesidad de venganza.
Jesper (personaje masculino) siente atracción romántica y física por otro chico, Wylan.
Kuwei, otro personaje, no tiene género definido. El grupo no sabe si referirse a él como “él” o “ella”, lo que sugiere identidad de género ambigua.
