En esta tercera entrega, la familia Balbuena y sus vecinas son transportados a la Antigua Roma, donde viven una aventura llena de peligros, humor y absurdos históricos. La narración está a cargo de Sebastián (Sebas), un niño preadolescente, que relata los hechos con tono cómico, espontáneo y cercano. A lo largo del relato, interactúan con gladiadores, emperadores, soldados romanos y ciudadanos en un escenario cargado de acción e ironía.
Sebas y María, ambos niños del grupo protagonista, desarrollan una relación afectiva que culmina en un beso explícito:
“Nos miramos. Nos sonreímos. Y nos besamos. Fue un beso muy corto, pero fue un beso.”
La relación afectiva entre Sebas y María se ha ido construyendo desde los libros anteriores, pero en este volumen se profundiza de forma clara. Hay miradas, silencios, gestos de vergüenza y finalmente un beso. El propio protagonista describe su atracción por María con sorpresa y agrado.
“María me miraba de reojo. Yo también la miraba a ella de reojo.
Cada vez que nos mirábamos nos daba un poco de vergüenza. Y eso me gustaba.”
No se representa una pareja formal entre el padre de los Balbuena y la vecina, pero la convivencia narrativa y emocional entre ambos adultos puede generar en los lectores la impresión de un vínculo afectivo emergente.
Esta dinámica, aunque presentada con humor y sin enfoque romántico, puede generar preguntas sobre las relaciones entre adultos y las estructuras familiares alternativas.
